Mi realidad era armónica: el cielo era azul, el mar era agua, los atardeceres rojos, los árboles daban flores, mi caminar rápido y mi tiempo no era espera.Pero andando por el jardín me encontré con un pez sin mar, lo sepulté sobre la arena –dentro de una pecera- y desde entonces los árboles sacrifican sus flores negras de mentiras, demostrando condolencia por mi sonrisa que hoy se estira saturada de esperanza.
“¡Oh! ¡es el amor! Tendré que ocultarme o huir” dijo Borges y no fue hecho. Y vi que nada era bueno.
Ahora los pájaros cantan el Réquiem a cuatro voces, por segundo descolgado del reloj de la plaza. Los gatos huyen fucsias de las caricias. Las margaritas dan globos de helio y evitan responder si hay amor, entonces revientan. En los faroles hay manos que gritan de inutilidad musical. En los teatros no hay butacas, sino restos de libros inéditos apolillados. El diccionario es una esponja de palabras a la que le sobra agua. El mar, el sol, las bancas, el aire, los labios, los relojes, la luna, los zapatos, el gris, el semáforo en naranja, el frío, las voces equivocadas detrás del teléfono, la creatividad aún no desahogada son para compartir.
¡Oh! ¡no supe dónde esconderme! Toda cosa tenía inicial a hombre de risa inteligente y no acabada.
¡Oh! ¡no supe dónde huir! Todo lugar daba a luz a una ilusión. Playa embarazada, campos embarazados, plazas embarazadas, asientos embarazados, cielos –oscuros, grises, lunados, celestes, blancos, morados- ¡embarazados!....
no hay químicos que me devuelvan la armonía, ni píldoras que me hallan ayudado a evitarlo. No, no hay realidad, todo es mentira, cuando pienso en ti todo es mentira, aunque existes, yo sé que existes. Dentro de una pecera a contraluz. Debería devolverte al mar, lo sé ¡lo sé! pero no puedo, también sé que ya no puedo.
Debí dejarte ahogando sobre la arena verde, pero no me arrepiento... aunque ya no soy feliz, al menos no como antes.
Camino despacio, esperándote pasar, pisando hojas cafés, bajo un cielo gris, mirando atardeceres policromos, en donde el mar viste el epitafio del sol.
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