El alcohol en la sangre, el calor en la piel y tu cuerpo pegado al mío, semidesnudo.
Las huellas me ayudan a encontrar el camino a seguir, sensibilidad quebrada, desparramado el tacto, mis labios sólo quieren beber tu aroma derritiente. Las manos un impulso más a caer. Esta vez los pies no sirven para avanzar. Tus brazos me rodean y nos acoplan a seguir.
Tus ojos desorbitados al son de una copa, tus largos cabellos imitan la luz que ahora nos oculta, tus finos dedos acarician mi pecho arrinconándome, desvaneciéndome.
Tu feminidad me atrapa en tu voz que ya hago parte mía, en tus besos adictivos, en tu melancólica mirada.Caprichos se hacen piel; ilusiones, sexo; palabras, placer al sentir tus senos recostados sobre mí.
Me conmueve tu cuello descubierto, mis besos intentan darle consuelo mientras te deshaces al compás de desafiantes latidos –juegan a la velocidad, a la vida, a recibir lujuriosas caricias-.
La atracción es grande, los minutos intensos. Nosotros dos en la mezcla de un piano y un violín.
La respiración se acelera compitiendo con pálpitos desesperados.De pronto un golpe, un ruido nos atraviesa.
Miro el espejo que da a la puerta, con un último exhalo. Soy más que tu pareja, te doy más que él, que con un arma, ahora, nos arranca la vida.
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