jueves, 15 de mayo de 2008

O'higgins 501

Espero.
Tomo un café en soledad, con el sabor a capuchino olvidado. Qué triste es jugar con la crema, mientras mezclo colores.
Recuerdo que la última vez que estuve aquí era en forma de desayuno, y compartía besos con una infiel enamorada y mirábamos cómo se suicidaban las hojas rubias del árbol del frente.
Siempre nos sentábamos en la misma mesa, siempre al lado de la ventana, siempre tostadas con mermelada. Casi la puedo ver frente a mí, mirándome, con sus ojos de cómplice: víctimas de un secreto refugiado. Cuando los ojos de todos se cerraban.
Recordar el sabor de cigarro camuflado en un bigtime negro. Cuando te fuiste comencé a fumar y a masticar chicle oscuro.
A veces busco excusas para no buscarla: tener la manía de cometer el error de recordar sólo lo positivo de quien me acompaña.
Y no olvidar el último silencio, cuando éramos tres los que caminábamos sobre la vereda.Pero al acabar un capuchino, siempre queda el sorbo de soda que hace borrar todos los sabores.

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