miércoles, 24 de junio de 2009

Volar

me gustan los días como hoy, de esos que puedes cerrar los ojos y... sientes como si volaras -claro, hacerlo en realidad debe ser con mucho más vértigo-.

¿de dónde viene ese deseo de moverse sin tocar la tierra? ¿qué es lo que se busca? ¿qué es lo que nos ofrese el suelo que nos deja con los ojos cerrados, anhelando escapar de él?...

¿por qué avanzar no es caminar hacia arriba?

quizá en vez de ser una necesidad superflua de superioridad ("¡asombroso! ¡el intelecto humano fue capaz de hacer una máquina para volar!") es querer encontrar el lazo perdido con la naturaleza, haber si como aves logramos sentirnos menos polvo (en el sentido citadino de "polvo") así transformarnos en un árbol al que se le mecen las hojas con el viento, o el mar nque crea olas (porque ahora casi ni creamos sueños).

lo que me llama la atención es que el vuelo nunca es recto, es completamente inestable y yendo más allá, siempre se baja, o a caso ¿no todo lo que cayó, alguna vez voló? las piedras que tiré para hacer sapitos en un lago, volaron antes y para saltar, el huevo que se resvaló de las manos, el suicida que quiso sentir por última vez: volaron todos.

¿por qué nos llama la atención volar si caerremos? ¿por qué odiamos caer, si antes volamos? nada se mantiene en el viento, hasta el agua gasificada se desparrama al llover.

cada vez que pienso en la máquinas para volar, o escucho a alguna, recuerdo a Anna Frank cuando escondida junto a los suyos, temblaban pensando en qué diferenciaba la vida que llevaban, de la muerte que se aproximaba. y todas aquellas familias, niños, humanos sin zapatos, que nunca tuvieron culpa del vuelo asesino de otros. trayéndolo a nuestra región, el ruido de una avioneta -de un dromedario- tiene olor a humo, a hectarias de bosque perdidos, a acciones de irresponsables de dedos con pólvora.

tal vez el vuelo cuando es cómplice de fuga nunca trae buenas noticias... se pueden quemar las plumas, las propias y las ajenas.

y por todo eso, y más, seguiremos cerrando los ojos contra el viento, en los días como hoy, a pesar que nos caigamos teniendo las plantas en el suelo, supongo que tendré que conformarme a volar sin alas.


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