Mi pueblo, mi tierra, lucha. Se agota en busca de agua, transpira arrancando por el pan. Tiembla cuando el piso se aquieta porque el ser egoísta, destructor, esos animales sin instinto ni conciencia, vienen entre la niebla haciendo daño.
Así mismo, nuestro enemigo no es la corteza terrestre, ni el mar arrastrándose, ni la luna oscura, ni el frío que choca contra las bocas. Nuestro enemigo es la mano mezquina, la mano que tapa los ojos de los políticos, la mano que roba escondida la ayuda del extranjero, para mi pueblo. Nuestro enemigo es el miedo que permitieron, el que nos lleva a sentirnos seguros detrás de palos de fierro, de armas legales, de uniformados que no saben nada de piedad.
MI TUMBES… sufro por ti, universo de mar. Todos éramos peces en tus veredas, alimentabas al hombre trabajador que tejía sus redes para hundirlas en ti. Tus muelles eran como una espalda por donde caminaba el viento y nuestra gente se deslizaba. Se respiraba sal, se escuchaban botas de goma avanzar, rompiendo tus olas; y al andar entre tus recovecos de piedra te sentíamos tan nuestro como si los poros, frente a ti, por metamorfosis, fuesen escamas.
Mi Tumbes, hay humanos que llorarán tanto por ti, que llenarán el mar hasta cubrirte por completo y colmarte entre tus casas y extrañarte hasta volver a llorar, porque ya no estás… quedando tu gente desnuda.
Texto y fotos: Amaranta.
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