Tengo un sueño. Lo miro, lo toco, lo tomo. Lo froto en mi vestido y brilla. Huele a sueño brillante, entonces me tento, lo acerco a mi boca y lo muerdo. Sobre la lengua, sueño de luz húmedo. Lo trago. De delicioso muerdo más grande y sin masticar, lleno hasta los espacios que hay entre los dientes. Me atoro… ¿qué hago? si lo boto, lo pierdo. No, este sueño está demasiado bueno. Entonces, empujo, pero se queda en la garganta. Destellan los ojos, la nariz. Y desde los labios escurre luz a gotas...
Ahora tengo un sueño atorado en el cuello, que me deja sin respirar.
2 comentarios:
Pero te hace vivir … y a veces creo que tenemos que perder algunas facilidades en la vida para poder descubrir otras en la mente .. o eso creo ahahaha
Mejor morir ahogada que perder aquel sueño :)
muerta ya no se vuelve a soñar
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