nos besamos, en la playa -como siempre lo imaginaste- y cuando el sol estaba más oscuro y bajaste de mis senos a mis piernas. me solté de tu boca y te dije:
-prefiero tirar con tu mina que contigo, así que no intentes sacarme la ropa
se te bajó todo. todo.
-sorry, pero es culpa de ustedes que no me guste el pene.
ahí fue cuando se te congelaron las manos, soltaste mi cintura y las guardaste en tus bolsillos. como yo no le ruego a nadie, opté por el viento que me congelaba la cara, de todas formas, prefería esos placeres y era, por mucho, más cómodo. así que disfruté tus silencio y tu remordimiento (¿por qué no?). era tu ego de hombre-macho el que te dejaba con un metro de distancia, sabías que si querías metérsela a alguien, estaba la Paola, siempre con el corazón y las piernas abiertas. ella, el plato principal, que bien rica estaba, pero como fue que, cuando tenías la lengua revolviendo en mi boca, te enteraste que prefería tener mi mano zambullida en el jeans de tu polola que en el tuyo, pfff... no te quedó más que bajar la bandera del orgullo masculino, arriarla con la frente marchita -cantaría yo entre dientes- y mirar decepcionado al mar, que entre otras cosas, se llevó tu orgasmo.
no entiendo porqué les afecta tanto eso a los minos, si igual le dejé que me tocara mi par de tetas, aunque sé que no le bajaría más que el cuello con la lengua. a la Pola, como me contaste le gusta la nombren en la cama –o Amapola, pa empezar a calentarla-, le bebería el sudor de cada poro y buscaría derrumbarla más abajo del ombligo. pero la mina deja que la llames como flor de puro que te cree jardinero de una casa, ni idea que eres de oficio puto. es la ventaja de ser segundo plato, saber que tú ya estás comiendo de antes, entonces no comprometes más que el tacto. En todo caso, para eso son las amapolas, en infusión te hacen volar, y te vuelve adicto esa estabilidad de encontrarla siempre en tu patio, cada vez que quieras salir.
Me miras -¿quieres que me vaya?-
Me demoró en responder, porque tuve que bajar de los senos de su polola y regresar a la playa, con su abstinencia homofóbica. Como no le resultó desvestirme, ya no le sirve tenerme al lado. Nada peor que la incomodidad sin cigarros.
1 comentario:
jeje, ya sabes lo que opino. Increible, lo leí hace... sus semanas ya, y sigo disfrutando del texto
No-ta-ble jo-der xD.
pd.Te extraño so mucho (joder!), Ami :P
Publicar un comentario