miércoles, 17 de septiembre de 2008

¿Triste yo? nunca, ¿aburrida? la mayor parte del tiempo

las tardes, de un tiempo a esta parte son como esas canciones que tanto me fasinaron pero ya no escucho, porque no tengo ganas o porque ya no son tan maravillosas como lo creí en algún momento.
así es la vida para mí, ahora, igual que antes, como dijo serrano (y que fue mi lema durante mucho tiempo) "la vida me parece una fiesta a la que nadie se ha molestado en invitarme". no tengo pena mientras escribo esto.
el otro día le dije a mi papá que llevo una vida de cincuentona teniendo 18, él me respondió que era porque yo quería ¿alo? es verdad que mis tardes se pasan vacías y frente a una pantalla de luz, o una partitura y las mañanas son cada vez menos significativas. es verdad que nadie me llama, que salgo sola y ahora menos que antes, porque el pasaje está tan caro que una salida tiene que valer más la pena. me aburro. pero ¿qué quieren que haga? a la gente no le intereso en lo más mínimo, ni en el preu, ni en el teatro, ni... en la plaza cuando estoy sentanda esperando que se oscuresca un poco más para no llegar temprano a mi casa.
no salgo a carretear -por principios y por gusto-, no participo de ningún contexto social en donde pueda conocer a alguien interesante (y que a ese alguien yo le interese) y ¿a dónde ir? -por favor no diga a la iglesia-
y como en "malta con huevo", soy una perfecta asesinable: o sea, sólo mi familia notaría mi ausencia; soy una antipática y fisicamente no soy digna de ser admirada. si ni siquiera me leen, y no tengo talentos que entregar a este planeta de mierda.
insisto, no estoy triste -en absoluto-, insisto, estoy aburrida.
aburrida de ver avanzar el minutero que es más útil que yo, de tener mis zapatos gastados, de comerme las eses cuando hablo, de ya no escribir algo de lo que me sienta orgullosa, de intentar todos los días tocar algo bello en el teclado, de no tener piano, de soportar las quejas ajenas, de no pensar en nadie para quedarme dormida, de ver mi biblioteca personal empolvada, de no atreverme a hablarle a un niño que me atrajo en la micro porque me siento fea, de despertarme cada mañana sin un sentido diario, de ver mi ayuda limitada con alguien que sufre, de mi amorfa cabellera, de los oxidados recuerdos, de las ganas que- como el biotren- avazan vacías, de creer que la nota ocho es la solución a mi aburrimiento, de esperar que algo me llame la atención, de comerme las uñas cada vez que busco, de ruborizame feamente y cada vez que me siento insegura -hasta cuando digo la verdad y pienso en que ellos consideran que es lo contrario-, de tener la certeza que mis argumentos nunca son suficientes -y que ni siquiera tienen valor-, de comer sin hambre y sin ganas -sólo de aburrida-, de que me crean comunista sólo porque los que me rodean son aliancistas, de no encontrar hojas rojas en ninguna parte, de ver en cada esquina una pareja que finge amarse, de balbusear mentiras, de cansarme cuando soy feliz, de sentarme frente al mar sola, de que nadie llegue cuando mi sonrisa miente, de acordarme todos los días de lo que tengo que olvidar -a pesar que de hace mucho tiempo dejé de amar-, de ya no escribirle a segundas personas, de que las palabras que más escucho son las que mi mente imbécil no deja de formular, de no aprender belleza, de desconocer lo que quiero me regale carcajadas. de no saber qué hacer, porque ya no sé qué quiero, no por desorientación, sino por desmotivación. de pensar todo el tiempo, de escucharme todo el tiempo, de estar obligada a soportarme todo el tiempo.
es por eso que me gustaría tener algún vicio, para olvidarme un rato que se debe vivir, sólo por soñar incoherencias, o encontrar a más viciosos que consideran que no es malo pasarlo bien, así embriagarnos -o drogarnos- pensando en que por muy solos que estemos, nuestro vicio nos acompaña.
pero como soy una mujer sana, cuando me quedo sola sé que realmente no lo estoy, porque me acompaña el aburriemto, cuchuchiando y tirandome del pelo.

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