sábado, 27 de septiembre de 2008

La generación de las mujeres solas

Sé que lo único que me hace pensar que usted leerá todo este suplemento es la esperanza, o la impresión que pueda llegar a echarle una ojeada y quedar enganchada del tema o la prosa. lo que continua no es algo que salga de mí (no lo escribí yo), pero sí me llegó muy adentro y como espejo a punto de ser trizado: yo creo que así es mi vida, así es la persepción de mi presente e incluso de mi "futuro perfecto", sinceramente soy de las que cree que tener una pareja al lado para toda la vida es invetir demasiado para sentirse menos sola, porque siempre he tenido (y creo que seguirá siendo así) esa sensación de quedarme sin nadie aunque tenga alguien al lado... o al frente, en el caso de los amantes.
bueno, sin más prefacio, este largo artículo corresponde a la última revista ya (del martes 23 de septiembre -pa' variar-) y lleva por título, La generación de las mujeres solas.

A la mañana mueren los fantasmas, y ahora es la mañana.Teresita Ferrari se levanta, hace el mate, junta el diario de la puerta y se mueve por la casa como si el cuerpo –el suyo– fuera una energía sin forma. Luego enciende la radio, revisa los mails, hojea las noticias, come, ceba, y deja que la luz temprana cruce el vidrio y desintegre, como esas fotos que se velan, todas las formas del miedo: el temor a enfermarse, a que se olviden de ella, a que pase algo horrendo y los vecinos se enteren cuando el olor fétido se cuele por debajo de las puertas.

Ninguno de estos pensamientos negros sobrevive al sol. Por eso la mañana, en la vida de las mujeres solas, o al menos en la de Teresita, es un momento poderoso.

"Las solas corremos con una desventaja. Llegamos a casa después de un día largo y algunos episodios, que suelen ser menores, toman un tamaño escandaloso. Es un trabajo aparte aprender a irte a la cama sin pensar de más. Por eso la ceremonia más sublime es la del despertar. La mañana jamás alimenta fantasmas", explica Teresita ahora, en su living pequeño, mientras el universo entero se resume en una biblioteca enorme y cegada por el sol. Teresita es autora de SoySola, el primer libro en habla hispana que describe –en clave de humor y honestidad– cómo es la existencia de las mujeres que eligen vivir "de a una": una forma de pisar el mundo que avanza a velocidad considerable desde que en los '60 se empezó a hablar de amor, pero también de paz.

Cada vez más gente es sola. En la Unión Europea (la única región que se tomó el trabajo de hacer la cuenta) hay cerca de 50 millones de hogares unipersonales, aunque no se sabe cuántos de ellos están conformados por una mujer. Ya en Latinoamérica, de las dos presidentas (Cristina Fernández y Michelle Bachelet) hay una –Bachelet– en estado de soledad asumida. Y hasta el marketing las tiene perfectamente etiquetadas bajo el rótulo de "solteras tardías".

¿Qué es una soltera tardía? Según Braulio Bauab, director de Brau Comunicaciones (una consultora especializada en marcas de alta gama), es una persona que elige la soledad por encima de las compañías enclenques (aunque no descarta hacer pareja en el futuro), que suele tener un buen puñado de dinero para gastar en sí misma y que se ubica en una franja inferior a los 45 años ("Después de esa edad, dejás de ser soltera tardía para transformarte en sola", distingue Bauab, demoledor). Para Teresita, en cambio, "ser sola" es hacer de la soledad una matriz de horas felices, mantener una estética y un universo de rituales, y –sobre todas las cosas– ser un blanco de prejuicios más o menos fáciles.

Todas conocemos alguna sola gozosa. Y todas, en algún momento, hemos revoleado el palo del lugar común contra la dentadura sonriente de una de ellas. Pensamos que "la sola" vive acalorada y que todo le cae bien. Que le sobra el tiempo. Que secretamente desea una familia. Que hay que presentarle un "candidato" y que tiene que aceptar, sí o sí, el candidato que le presentemos (si no es una histérica y "con razón estás sola"). Que si no está en pareja es porque algo le falla o –todavía más insultante– porque no encontró alguien que la quiera. Que se hunde en una parva de billetes y consumos hedónicos. Y que va al sexo como se va a una clase de step: con desesperación y, cada tanto, pagando."

De todos los prejuicios, el que más me irrita es el miedo de mis amigas a que yo les quite el marido. Aunque no tengas ni remota gana de sacarle la pareja a nadie, lo cierto es que para algunas soy una amenaza porque a mi edad estoy bárbara: no tengo problemas de piel, tengo la carne en su lugar, y en general no quedé arrasada por pasarme una vida corriendo niños", dice Teresita con la cara sedada, bella, maquillada.

Hace seis años que Teresita está sola. Tuvo un matrimonio de cinco años, convivencias varias y más hombres de los que pueda o quiera recordar. Pero ahora tiene esto: un living silencioso y ella ahí.

Sentada.

Diciendo que soledad quiere decir "con el sol dentro".

UN PROBLEMA PERFECTO
En Estados Unidos –donde vive solo el 45 por ciento de los adultos, quince puntos arriba de las cifras de 1960– las solteras contentas ya tienen un nombre. Se las llama quirkyalones (quirky significa raro y/o caprichoso) y forman parte de un curioso movimiento emancipatorio. Las quirkyalones protagonizan taquilleras series de televisión ("Sex and the City", "Ally McBeal" y "Will & Grace"), festejan el Día del Solitario los 14 de febrero (la misma fecha de San Valentín) y hasta usan anillos en la mano derecha, un detalle que alude a las mujeres felizmente singles.

A la cabeza de todo este movimiento está Sasha Cagen, una treintañera que abrió una página web (www.quirkyalone.net) con tanto éxito que sus contenidos fueron llevados a un libro que ya es best seller. Quirkyalone: un manifiesto para los románticos que no se comprometen es éxito de ventas en Estados Unidos, llegó a las librerías de Europa y Australia y acaba de desembarcar en Brasil. ¿Cuál es la diferencia entre una quirkyalone y una soltera? "Decir que estás soltera es decir 'estoy disponible, armemos una pareja' –explica Cagen en su página web–. En cambio, un quirkyalone no se opone a estar en pareja; de hecho entra y sale de relaciones, pero encuentra en la soltería un estado natural y una forma de vivir una vida plena".

Una encuesta realizada en forma conjunta por la revista TIME y la cadena CNN indica que el 80 por ciento de las solas tiene la esperanza de encontrar un compañero perfecto para ellas. El detalle es que, cuando dicen "perfecto", se refieren a "perfecto": si no hallaran el partenaire ideal, pero se les presentara a cambio un individuo muy agradable, el 66 por ciento de las mujeres lo eliminaría de su agenda. Este pensamiento exquisito hizo que el psicoterapeuta americano Michael Broder, autor del libro "El Arte de Vivir Solo", empezara a hablar del "Síndrome de la Persona Perfecta", en referencia a quienes andan por la vida buscando un clon de Javier Bardem, que es lo mismo que buscar a nadie.

Karen Wladimirsky, 33 años, seis gatos, una casa en Boedo, no persigue príncipes azules, básicamente porque no persigue nada. "Si algún tipo me pone objeciones sobre mi modo de vivir, entonces no es para mí –advierte–. No es que yo esté diciendo 'quiero estar sola siempre'. Pero mi búsqueda pasa por crecer como persona y como música, y por eso acepto cada momento de mi vida como una fase de maduración". Los rituales de Karen –los que la hacen crecer, los que para un hombre podrían ser insoportables– incluyen el amoroso cuidado de sus seis mascotas, la ejecución de instrumentos musicales a cualquier hora (Karen es profesora de flauta barroca) y la pasión innegociable por las musas que –como fantasmas buenos– pueden llegar por la noche.

¿Cedería algo de todo eso en pos de una pareja? Karen dice que ya lo hizo, durante cinco años de noviazgo, y que esa relación dejó una moraleja: el precio de estar acompañada puede llegar a ser más alto que el de estar sin gente. "Eso no significa que no pague un costo por la elección que tomé –explica–. Existe una mirada pesada sobre las mujeres solas. Supuestamente la sociedad busca formar familias, como si eso fuera lo que está bien o lo que hace feliz a la gente. Y creo que romper con ese canon social se paga, o al menos yo lo estoy pagando".

Karen paga muchas otras cosas, aparte del canon social. Paga vinos, perfumes, cremas, ropa, instrumentos, clases de kung fu y arroz, mucho arroz, todo el arroz que sea necesario para compensar con un menú económico el desbande de billetes que se va en otros consumos hedonistas.

MUJERES SÓLIDAS
Este singular manejo de la economía doméstica tiene un nombre. Se lo llama break up–break down y consiste en dejar de comprar bienes de una "categoría" para consumir en otra. "La soltera tardía puede relegar las primeras marcas de alimentación para comprar indumentaria, tener un auto o realizarse tratamientos de belleza caros, porque aunque no lo tenga como objetivo explícito está todavía en la búsqueda de pareja", advierte Braulio Bauab. Y dice –sin decirlo– que la soledad también es una estética. Una forma de habitar las casas, pero sobre todo los cuerpos."

Puedo descubrir a una mujer sola al verla caminar en la calle, sentarse en el subte o mirar vidrieras", asegura Teresita Ferrari. ¿Qué ve cuando las ve? Prendas de moda (o simplemente ropa muy cuidada) y el cuerpo decorado con meticulosidad quirúrgica: "La espontaneidad poco a poco desaparece porque, aún cuando la sola salga de apuro, tiene el tic del arreglo –advierte–. En el fondo sabemos que de una sola siempre se espera más. Sola y desprolija puede ser una ecuación fatal. Y sola y pobre, ni te cuento: es el colmo de la desgracia".

En la consultora Young and Rubicam no conocen a Teresita, pero igual se animan a decir que las singles son las yuppies de esta década, el grupo de consumidoras cuyos gustos dictan tendencia y por ende importan a las grandes marcas. Un relevo de Y&R reveló que el 60 por ciento de las solas son propietarias del inmueble en el que viven (y al que compran más rápido que un hombre solo); que inyectan una liquidez asombrosa al mercado de la decoración hogareña; y que están dándole un impulso igualmente interesante a la industria de los viajes: el 50 por ciento entra en el rubro "viajera aventurera", y el 40 por ciento en el de "viajera clase business".

A principios de este año, Julia Viñals –27 años, licenciada en Artes– hizo su propio viaje de aventura: se sometió al ejercicio de templanza que implica viajar sola, en marzo, a Mar del Plata, un balneario argentino que, fuera de temporada, es una abierta invitación al suicidio. Llegada la noche Julia no se acobardó y salió a tomar tragos, se hizo amigos, fue al teatro. Hasta que el día que se iba, subió el bolso a un taxi y pidió que la llevaran hasta la estación de ómnibus.

–¿Vinimos a visitar a la familia? –preguntó el taxista.
–No, me vine sola unos días y ya me vuelvo a Buenos Aires.
–¿Sola? ¡Qué patético!

Lo que para algunos es patético, para otros es un comportamiento de manual. Según Braulio Bauab, a la "soltera tardía" no le molesta hacer planes sola. Todo lo contrario. "No es que tienen veinte años y una personalidad débil –explica Bauab–: ya están sólidas y no tienen problemas en manejarse fuera del malón".

Julia no sabe si esa forma, esa manera de pararse ante el paisaje de su propia vida, es la garantía de una felicidad futura. Sólo sabe que no sabe hacer las cosas de otro modo. Y cree que la "cotidianidad de a dos", lejos de los mundos impecables que retrata la publicidad, puede transformarse –al menos en su caso– en el viaje sin escalas a una auténtica tierra de nadie. A una soledad real. "Tengo miedo a la convivencia, porque termina aplacando el amor –dice–. Soy hija única, necesito mucho el silencio y el manejo de mis tiempos. Supongo que ese silencio, el mío y el de los demás, también forma parte del 'ser sola".

CIELO SOLO
Fuman, comen mal, consultan menos veces al médico y –sobre todo– piden menos ayuda cuando la necesitan. Estos son los argumentos que dan en Dinamarca para justificar por qué los solos tienen una salud especialmente floja. Un estudio hecho en el año 2006, en base a la historia clínica de 138 mil pacientes daneses de entre 30 y 69 años, asegura que esta franja de población tiene el doble de posibilidades de sufrir problemas cardíacos.

Algo de eso queda reflejado en Gary Cooper que estás en los cielos, una película realizada en la década del '80 por la española Pilar Miró, quien decide contar –a modo de autobiografía– la historia de una mujer en sus treinta y tantos, exitosa, autosuficiente, que de un día para el otro debe someterse a una intervención cardíaca. Cuando entra al quirófano, libre de todo maquillaje, le reza a "Gary Cooper que estás en los cielos"; una forma de decir que la soledad también es eso: un agujero negro, un rezo al corazón de nadie.

Ser sola, incluso cuando se es feliz, significa tener momentos tristes.

"Las solas tenemos una sensación ambivalente en el fondo del corazón. Al menos una vez al día el futuro aparece para mostrar que los meses y las Navidades pasan y que llegará el momento en el que será imposible seguir teniendo todo el tiempo a favor y decisiones soberanamente propias", escribe Teresita Ferrari en su SoySola, un libro tan honesto que, por tramos, puede volverse infernal.

SoySola fue por encargo y hubo días en los que a Teresita le dolió escribirlo. No tanto por ser una mujer sola, sino porque la propia vida, narrada con franqueza, es siempre una garantía de angustia intermitente. Teresita debió preguntarse, frente a las páginas blancas, por qué no había tenido hijos. Por qué había elegido este destino y descartado –como en toda elección– el abanico de los otros mundos. Tuvo que decir, y decirse a sí misma, que el teléfono es el cordón umbilical con el "afuera" y que el día en que no suena es un día oscuro. Que la sola esconde remedios, gastos excesivos, vibradores.

Que la cara del hijo no tenido a veces llega para demolerlo todo.
Que los atardeceres son momentos delicados.
Que los fantasmas están.Que por fin las mañanas.

Josefina Licitra.

1 comentario:

Selene V dijo...

Buta que me dio pena.
Tengo miedo de quedar soltera.