y llego, y porque me da el gusto, me agarro de la boca de Benedetti y te digo un viceversa con todas las conjugaciones verbales de verte, hallarte, y oirte -por no encontrarte-.
o llego, y sin voz te entono (de la partitura de Huidobro) el canto dos, de la segunda caída más grande del hombre, de un Altazor que vuela en paracaídas y puede que caiga por tus plumas...
o sin llegar, me amenazo junto a Borges, e intento a gritos escaparme de esa jaula con tu nombre (con esos dolores).
pero, me voy, o tan solo me detengo, o espero que llegues tú, o... me enmudezco en un cuaderno, y utilizo tus plumas para barrer, y en vez de volar, floto dentro tu pecera, porque mi amenaza de muerte está en dejarte escapar, con todos los libros que escribiré si vienes... y te quedas.
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