nacemos sabiendo -bueno, a largo plazo- que moriremos y sin embargo, nunca nos encontramos preparados para enfrentar aquel momento, tanto el personal, como la de quienes nos rodean. pero es esta última la que nos llega con más fuerza.
es natural morir, todos los finales en sí, y aun así no lo pareciese, casi como si no fuera normal.
antes encontraba que las personas le ponían mucho color con eso de los funerales, de los shock o las sorpresas al enterarse -porque generalmente, los chilenos somos bastantes exagerados-. supongo que tal actitud radicaba en que nunca se me ha muerto nadie -cercano al menos-.
supongo, también, que en este proceso de estar creciendo y descubriendo adolescentemente el mundo (como si antes no lo hubiera visto) he llegado a varias conclusiones (espero acertadas) pero de la misma manera, a muchas, demasiadas preguntas y sobretodo curiosidades, asombros.
la muerte parece un fenómeno, aunque así no lo sea y mucho tiene que ver nuestra naturaleza paradisíaca, porque seríamos eternos en esto. me causa curiosidad el cómo nos llega humanamente: en las estadísticas, hace más grave la situación ante enfermedades, atentados, pobreza, etc.; la vejez y el miedo a no cumplir con los propósitos que inventamos para darle sentido a una vida que sin darte cuenta, ves que se acaba; los accidentes, los convierte en relevantes y críticos; la amistad... no sé bien cómo expresar esto, supongo que la amistad es como la juventud, crees que es eterna, me pongo en la situación y no concibo que sea real si me dicen que moriste; etc.
¿por qué nos asombra algo que sabemos desde siempre ocurrirá? creo que es el no poder aceptar que no volvamos a ver a alguien, a escucharle y el miedo abrupto de que todo se acabe irremediablemente, antes de lo pensado, sin olvidar -también- que la mayoría ignora de qué hay después de la vida, a dónde se van los muertos.
muchas noches pensé en suicidarme, ahora no estoy a favor de aquello y creo que es un error (por muchos argumentos que se me vengan a la cabeza como contratesis). hay personas que tienen cáncer (y es de lo más común), pero creo que hacerles tratamientos que les volverán calvos para darles unos meses más es una crueldad, después de todo, es sólo retrasar el momento y los miedos. ahora veo a mi abuelo paterno, por ejemplo... realmente se vuelven bebés, o sea, él trabaja come, camina y todo eso, pero la memoria a corto plazo le falla asombrosamente -muchas veces se repitieron en más de tres ocasiones las mismas conversaciones, con las mismas palabras-. mi otro abuelo tiene un problema cardiaco y nadie le quiere decir porque es depresivo y cobarde, se echaría a morir y quién sabe si muere antes por pura psicología. mi tía abuela es una aguafiestas amargada que la mayor parte del tiempo, al creerse sola habla con su difunto marido (pidiéndole que la vaya a buscar) y hace asquerosidades, que ha vista y paciencia de sus nietos, son pa cagarse de la risa. tengo un vecino que ¡wow! esa señora sí que debe tener estómago, él no la dejaba dormir en las noches -en cambio, lo hacía de día-, es un pesimista al grado que dan ganas de golpearlo o hablarle sin parar -y así darle compañía y no escucharlo-, ciego y regodeón. actualmente está en las últimas y usa pañales como muchos millones de personas y delira, ya no es él.
a ese punto quería llegar. para nosotros los cristianos la muerte no nos causa miedo -sino, más bien, el que nos llegué sin habernos consagrado antes-, pero al parecer, en la mayoría de los casos el prolongamiento de la vida no es tan grato como debería. se me puede considerar una egoísta con tal afirmación, pero no será más el egoísmo global, de querer que nuestros viejos perduren sólo para tenerlos allí en los problemas y nos escuchen y ayuden, pero visitarlos con suerte una vez al mes? es ácido admitirlo, una suerte de “¿a quién acudiré ahora?”. y nunca he sabido de lamentarse de la muerte de alguien por sus intereses.
dicen que en la vida uno haciende hasta cierto punto y después retrocede y todos los prejuicios infanto juveniles aparecen, los temores y las ideas incoherentes. eso me aterra, detesto mi pasado, odio todo lo que pensé y cómo actué antes. no quiero volver a ser la niña depresiva que intenta llamar la atención ridículamente porque nadie la ve, ni andar por los pasillos sabiendo que soy un estorbo.
Pero al final de todo, todos dicen que la vida es tan corta que no te das ni cuenta que tienes arrugas y canas (dolores de huesos y de músculos). Podría parecer que somos juguetes de un ente que disfruta viéndonos vivir, o morir (que de hace rato no encuentro mayor diferencia). E irónicamente, cada vez que converso con alguien del tema, lo cierran de la siguiente manera “pero niña, no pienses en la muerte, que tú todavía eres muy joven para eso”
-será.
1 comentario:
:s
este tema me paraliza, y lo único que puedo decir es que a la hora de morir, quiero estar a cuenta con Dios, nada más.
y que nadie leyera mi diario, o sea, me creo Anna Frank, pero no hasta ese punto.
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