Me gusta ser latinoamericana, me gusta ser tercermundista, me gusta ser chilena, haber nacido en península, me gusta ser descendiente mapuche, me gusta ser discriminada política. ¡No! Eso no me gusta. No me gusta que mi pueblo sienta vergüenza de su sangre indígena, por culpa de los medios de comunicación. No me gustan las copias yankes de todo lo que hacemos, de la forma que pensamos. No me gusta entrar al mall, al fast food, al minimarket, andar de shoping aprovechándo los sale. Detesto el spanglish en todas sus formas y fonemas. Detesto la cultura norteamericana –televisiva– que nos ha dejado macabra huella.
Todo empezó en España, ambición hizo masacre. La que continuó en manos de la iglesia, sin piedad divina, ni entierros con avemarías… ahora nadie sangra, porque la muerte es neuronal, de voluntades, rebeliones, ideas, resistencias. Estamos conformes con un gobierno –mundial- imperialista, con las estanterías y vitrinas llenas, con adornos publicitarios en vez de flores, con “nubes fabricadas”, con reforestaciones, con agua reciclada, con voces que nos dicen qué hacer, con un presidente dueño de los medios de comunicación y de la economía nacional. Nuestro conformismo es tal que celebramos los toques de queda y la dictadura que llega ¡atención señores! ya nos estamos rodeando de militares, ya volvemos temprano a nuestras casas, ya dejamos de asistir a actos culturales, ya no vemos las noticias políticas, ni nos interesan las nuevas leyes, ni los sobornos, ni los robos (es más, consideramos natural la sangre ladrona de los políticos, llegamos a aceptarlo), en vez de eso, vemos farándula, vemos teleseries, vemos los peligros sociales, no los peligros gubernamentales. “si tu voto cambiara algo, las elecciones estarían prohibidas".
Cuidado mi pueblo, los héroes no visten traje. Los grandes hombres de la historia andaban entre los pobres, madre Teresa de Calcuta, Majad Magandi, los más reconocidos. No creas en el resto, nadie te representa, todos están a favor de tu ignorancia para que sigas votando por ellos, a ninguno le interesa mejorar tu salud, ni tu estilo de vida, tergiversan el sentido de “dignidad” para que sonrías por la inversión de plata que dejaron, por no robarse todo, para que creas que algo hacen por ti.
Cuando Dios hizo el edén, pensó en América. Sin embargo, los frutos desconocidos son tan tentadores, que la curiosidad de unos cuantos, nos llenó de las consecuencias del pecado, aunque hayan pasado ya, casi 500 años.
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