Imbéciles todos los que hablan dentro de mí, los que nadie más escucha a menos que yo abra la boca. Imbéciles los duendes que caminan por mi estómago, las hadas de mis ojos y toda mitología que alguna vez me cantaron ebrios disfrazados de príncipes. Imbéciles las pestañas que se me caen a causa de la primavera y la menstruación que dura menos que los ciclos de la luna, la que no ilumina ninguna de nuestra camas. Imbécil tu muerte, porque tu origen fue lo único que no decidiste y fue lo más bello de tus pies. Imbécil las uñas que cada semana debo recortar para no almacenar el aroma como mugre descuerada de, alguna cintura en la que, caí de boca, desangrando a rasguñazos. Imbéciles todas las emociones en un beso, las incontrolables y las que aparenté por hacer sentir bien. Imbécil el niño que llora de hambre. Imbéciles las lámparas solitarias, las repeticiones olvidadas de serlo. Imbécil. Imbécil. Imbécil. Como el sol que todos los días nos viene a ver, como el aire que quiere acabar en las narices de todos. Como las palabras que nacen para no ser escuchadas. Como el espacio de tiempo que llamamos espera sólo porque llegamos antes. Como el helado de chocolate con almendras que nutricionalmente se muere de calor. Como las lámparas diurnas, como las velas de miel, como los perfumes en plásticos. Imbéciles los hombres que intentan entenderme. Imbéciles las mujeres que digan identificarse.
2 comentarios:
Wow...
emm..mejor no digo nada.
Tq quierrrrooo
Me gustan tus letras.
Hay días en que todo parece como lo ves hoy.
No te he encontrado por mi lista de msn... ojalá llegaramos a hablar, me pareces una persona interesante.
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